Para reflexionar:
“Bajo los zarpazos de una tormenta formidable el océano se agigantó y durante toda la noche estuvo estrellando su furia contra la playa. Olas de más de cuatro metros arrojaban sus entrañas de caracolas, peces, algas y mil otros elementos.
Cuando al amanecer se calmó la tormenta, la playa estaba totalmente cubierta de estrellas de mar que palpitaban levemente a la luz de la mañana. Una caminante madrugadora empezó a devolverlas al océano, en una empresa que de antemano parecía condenada al fracaso, dada la cantidad de estrellas en la arena.
-Buenos días señora- le dijo un turista que miraba con asombro-.
¿Puede usted decirme qué es lo que está haciendo?
-Devuelvo estas estrellas de mar al océano.
Si no las devuelvo pronto se morirán por falta de oxígeno-.
-¿Pero no le parece inútil y descabellado su esfuerzo?, hay millones de ellas y es
imposible agarrarlas todas. Además es posible que haya cientos de playas cubiertas de estrellas de mar que irremediablemente
van a morir. ¿No se da cuenta de que no cambia nada?-
La mujer, dulcemente se agachó, agarró otra estrella de mar y antes de arrojarla al agua dijo: -para esta sí cambió algo!-”.
Pérez Esclarín, A., (1998)
“Educar valores y el valor de educar. Parábolas”
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